¡Llegamos a México!

Escrito por Skapamerika. Publicado en Mexico

20 agosto de 2013
 
Cuando cruzamos a México nos damos de bruces con un montón de emociones.
Por un lado... ¡lo conseguimos! Casi un año y medio después de haber salido de casa, de haber tomado un avión en dirección al sur de otro continente, del inicio de un viaje que no sabriamos cuándo ni donde terminaría. Casi un año y medio después de haber comenzado el hermoso sueño de recorrer la América Latina ¡lo habíamos conseguido! 
Ese cartel viejo y sucio que nos daba la bienvenida nos recordaba todo lo que habíamos vivido hasta ese momento.
Pero por otro lado, en fin, habíamos llegado al último destino, habíamos cruzado la última frontera. Bueno, la penúltima, la última sería la española, la de vuelta a "casa".
De repente, el ser conscientes de que los próximos meses serían los últimos nos produjo una tristeza indescriptible. Añoranza por lo que ahora también es nuestro, la aventura de ser dueños del tiempo, del espacio, del mundo entero.
 
Atravesamos el estado de Tabasco y llegamos hasta Palenque, en el estado de Chiapas. 
Un tiempo después nos enteramos de que la frontera que cruzamos nosotros, El Ceibo, es mucho más tranquila que la frontera oeste, la de Tapachula.
En el trayecto desde la frontera hasta Palenque sólo detuvieron nuestro transporte una vez. Subieron unos agentes armados, y con muy malas maneras pidieron la documentación a los viajeros (nosotros éramos los únicos europeos) e hicieron descender a un chaval mexicano porque supuestamente se parecía a un narcotraficante que andaban buscando. Le hicieron mil preguntas a su hermana pequeña que se quedó dentro del bus. Luego el chico regresó y continuamos el viaje.
Según nos contaron otros viajeros, por el paso fronterizo de Tapchula cruzan más inmigrantes sin documentación y como la policía lo sabe, paran el autobús una y otra vez hasta que roban hasta el último peso o quetzal que lleven. Y por supuesto detienen a quien pueden.
 
Los latinoamericanos que quieren llegar hasta EEUU saben que la peor parte del trayecto es la mexicana. Durante su viaje sufren asaltos, violaciones, abusos de todo tipo. Su vida está en juego desde el momento que cruzan la frontera. Muchos mueren o quedan mutilados en "La Bestia", como llaman a los trenes de mercancías que atraviesan la República Mexicana, y del que van colgados los inmigrantes, durante días y noches, días y noches.
Los que deciden contratar los servicios de un "coyote" tampoco están a salvo de los abusos, a pesar de haber pagado hasta 4000 o 5000 dólares. Tampoco saben si llegarán o no llegarán.
Durante el tiempo que estamos en México nos enteramos de un descarrilamiento ¿accidental? del tren de "la bestia". Alguien robó unas piezas de hierro de las vías. Murieron muchos inmigrantes. Probablemente sus familias nunca lo sepan.
Los que sobrevivieron seguirán rumbo norte. Y a los que detengan y sean repatriados probablemente lo volverán a intentar.
Y todo por un sueño que no siempre se cumple.
 
Como decía, nosotros, con nuestros europasaportes, no tenemos ninguna dificultad. Aitor, Cesar y yo llegamos a Palenque cansados por el viaje y mojados por la lluvia de la época.
Buscamos un alojamiento barato en la ciudad y salimos a comer unos tacos al pastor.
Cesar prefiere comer tacos de cochinadas; de sesos, de morro, de manitas, de rabo, de tripas, de ojo...
Durante todo el resto del tiempo que pasemos en México me recordará lo ricos que estaban los tacos de Palenque y cómo supo en ese momento que no encontraría otros tacos igual de ricos en todo el país.
 
Al día siguiente visitamos las ruinas de Palenque, que son espectaculares. No son tan grandes como las de Tikal, aunque también se encuentran en medio de la selva, y están mucho más masificadas, pero están mejor conservadas.
La comunidad maya que habitó en Palenque fue una sociedad rica y poderosa. Sus señores fueron temidos, y dominaron durante mucho tiempo a sus vecinos.
Se cree que la ciudad antigua de Palenque, Lakam Ha, fue fundada 1 siglo antes de Cristo, y que fue abandonada sobre el año 800. Su importancia fue tal que llegó a ser la capital del territorio de B'akaal, lo que hoy en día serían los estados de Chiapas y Tabasco juntos.
Como nos entretenemos tanto con las ruinas se nos olvida la hora y no calculamos para llegar a tiempo al museo, que cierra a las 16h. Y nos da mucha rabia.
 
Desde Palenque (que todo el mundo nos advirtió que era un horror, pero que a nosostros hasta nos gustó un poquito) viajamos hacia Ocosingo, un pequeño pueblo de camino a la sierra.
 
El estado de Chiapas es precioso, parte de la selva Lacandona y desde ahí va subiendo hasta la sierra, donde empieza a bajar de nuevo hacia la costa.
A lo largo del camino nos cruzamos con algunos pueblos autónomos, no sabemos si son Caracoles pero deben funcionar parecido.
 
En Ocosingo pasamos un par de noches. Visitamos el mercado (cómo no) y también fuimos a conocer las ruinas de Toniná, a pocos kilómetros del pueblo.
La socidad que habitó en la antigua Toniná fue una de las principales rivales de Palenque.
En todas las ruinas mayas que hemos encontrado hasta la fecha se repiten las mismas construcciones; siempre hay uno o varios juegos de pelota, un templo dedicado a uno o varios dioses (en el caso de estas ruinas el templo principal está dedicado al dios del inframundo) y una zona residencial, para la alta sociedad y sus sirvientes.
Las ruinas de Ocosingo se encuentran en lo alto de un cerro, y la vista desde lejos es muy impactante. Parece un castillo medieval.
El los alrededores de las ruinas se puede ver claramente cómo hay aún muchísimos "montículos de hierba" con forma piramidal. Hace falta inversión para desenterrar, supongo. 
Al ser lunes pillamos el museo del sitio cerrado ¿otra vez? sí, otra vez nos vamos sin ver el museo.
 
Desde Ocosingo viajamos a la famosa, turística y carismática San Cristóbal de las Casas. 
Y sí, tenemos que reconocer que SanCris atrapa.
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