Ruinas de Copán. Nos despedimos de Honduras

Escrito por Skapamerika. Publicado en Honduras

30 junio de 2013. 
 
La última población que visitamos en Honduras fue Copán Ruinas, que como ya habréis imaginado, se llama así porque es la población más cercana a las ruinas de Copán.
Lo que no tenemos muy claro es si la población ha surgido a partir del interés turístico de las ruinas, para dar servicio a los visitantes, o por el contrario la misma población se ha mantenido por la zona durante siglos, desde los primeros asentamientos pre-mayas (más de 1000 años antes de Cristo) y luego mayas, cambiando de nombre con el paso del tiempo.
En cualquier caso ahí nos recibe Copán Ruinas, con sus grandes brazos verdes y montañosos, su aire fresco y ligero, su tranquilidad de aldea y silencio de campo.
Esto era exactamente lo que andábamos buscando cuando salimos de Utila.
 
Durante la primera noche nos costó dormirnos a pesar de estar muy cansados. No queríamos dejar de disfrutar del silencio nocturno, del sonido de los grillos.
En las dos semanas que estuvimos en Utila, el ensordecedor altavoz del “Cocoloco” nos torturó sin piedad cada una de las noches que pasamos allí.
Habíamos olvidado que las noches podían ser taaan dulces…
 
Al día siguiente nos levantamos a buena hora para visitar las ruinas. Fuimos  al mercado a desayunar pupusas, que son unas tortas espesas de harina de maíz cocinadas a la plancha y rellenas de verduras, queso, pollo, chicharrón… parecidas a las arepas colombianas (no a las canarias, que van fritas) pero sin abrir como un bocadillo, es decir que el relleno va mezclado con la masa. Son típicas de El Salvador pero se pueden encontrar en toda Centroamérica.
 
La entrada a los restos arqueológicos es carilla, cuesta como unos 15€, y permite entrar también a otras ruinas un poco menos lustrosas que se encuentran a un par de kilómetros.
Las ruinas de Copán, que son Patrimonio de la Humanidad, pertenecen a una importante población maya que se mantuvo establecida durante algunos siglos, y que parece que llegó a albergar hasta unas 20.000 personas.
Los restos principales están compuestos por varios templos, varias residencias sacerdotales, una gran plaza y un gran juego de pelota.
Pero lo más interesante para el visitante sin mucha idea es, en mi opinión, las hermosas estelas (relieves grabados en una especie de menhires planos y pulidos), donde se reflejaron algunos de los sucesivos reyes que gobernaron la ciudad.
En el segundo recinto arqueológico, más pequeño, se encuentran las residencias de algunos nobles, de artesanos, de escribanos, etc. Lo que equivaldría a los cortesanos y sus familias.
 
A la entrada del recinto se ofrece el servicio de guía, creo que el precio se puede negociar más o menos (siempre vais a salir perdiendo, eso tenedlo claro). Nosotros no lo contratamos porque más de la mitad del presupuesto diario se nos fue con las entradas.
Dentro del recinto hay muy poca información sobre la historia de la ciudad, de los mayas y del lugar, por eso es recomendable haber leído algo antes, o llevar información para leerla en el sitio.
 
Por lo que hemos entendido, parece que la civilización maya no fue un imperio, como el Inca o el Romano, si no que estaba compuesta por varios estados dirigidos por sus correspondientes jefes, que funcionarían como reyes independientes unos de otros. La mayoría de estos estados ni siquiera compartían el mismo idioma y muchos mantuvieron fuertes enfrentamientos bélicos.
Por suerte aún nos queda todo Guatemala y México para seguir aprendiendo sobre los mayas.
 
Y así pasamos nuestros últimos días en Honduras, un país del que dejamos prácticamente todo por conocer.
Qué lástima.
Nos quedamos con ganas de hablar con su gente, de aprender de sus indígenas, de sus garífunas, de sus criollos.
De subir a sus montañas y navegar por sus ríos.
De pasearla sin sensación de agobio, de tensión.
No sé qué pasa en Honduras, pero aquí, en Copán, a un pasito de Guatemala, Honduras parece otra cosa. Y me pregunto si nos hemos equivocado al no darle otra oportunidad.
 
A la mañana siguiente partimos para Guatemala.
No nos informamos bien (muy mal por nuestra parte) y acabamos viajando directos a Antigua en una gringocombi, un shuttle de esos que llaman por aquí, una furgo que recoge y deja a gringos en cada esquina de Centroamérica. Es directa pero es cara.
 
En la salida de la frontera, el responsable de controlar el pasaporte nos pide unas lempiras o unos dólares como impuesto para salir. Pero no tienen que cobrar, no es legal. Ese dinero se lo quedan ellos.
Y no os imagináis la rabia que me da. No ya porque traten de sacarnos dinero a los turistas, que también, sino porque el cretino de la frontera ni siquiera me deja despedirme en condiciones de su país.
Empecé con mal pie en la frontera con Nicaragua y terminé con mal pie en la frontera con Guatemala.
En fin, así es Honduras, por ahora…
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