Circuito en el Quilotoa

Escrito por Skapamerika. Publicado en Ecuador

14 marzo de 2013
 
Desde Quito viajamos unos kilómetros hacia el sur, hasta el pueblo grande de Latacunga. Este pueblo es una de las bases para explorar el Parque Nacional del Cotopaxi, pero nosotros lo utilizamos como campamento base para recorrer una serie de pueblecitos de la zona.
 
Latacunga tiene un centro pequeño, sencillo pero bonito, con algunas construcciones coloniales y algunas plazas. La visita no da para más de un día, pero como es tan barato y la gente tan maja, decidimos quedarnos un par de días para preparar desde aquí nuestra incursión a la región del Quilotoa.
 
Dejamos nuestras mochilas grandes en el hostal, preparamos un par de mudas en las mochilas pequeñas y nos vamos a la terminal de Latacunga, donde cogemos un bus que nos lleva a la aldea de Zumbahua, en pleno día de mercado. La aldea es minúscula y el mercado ocupa sólo una explanada, único lugar de reunión.
Nos alojamos en un modesto hostal frente al mercado y salimos a recorrer la aldea, pero es tan pequeñita que terminamos en unos 10 minutos.
El pueblo en sí no es muy bonito, pero es pintoresco y muy indígena. De hecho, en esta región nos encontramos con muchos pueblos indígenas, donde la gente apenas habla castellano, hablan el kichwa, una especie de dialecto del quechua.
 
Al día siguiente nos dirigimos caminando hacia la Laguna Quilotoa (unos 12 km), que es el principal reclamo turístico de la zona. Se trata de una enorme laguna situada en el interior del cráter del volcán Quilotoa.
 
En sus alrededores hay algunos alojamientos y restaurantes pero nos pareció un asentamiento muy artificial (hay que registrarse en la entrada), así que preguntamos cómo continuar al siguiente pueblo,  Chugchilán. Tuvimos la suerte de que 10 minutos después pasaba uno de los pocos autobuses que llegan a Chugchilán así que nos marchamos.
Chugchilán es otra aldea minúscula, con una sola calle donde se alinean unos pocos comercios. Nos quedamos en un alojamiento de una familia donde incluían la cena en el precio de la habitación. Resultan muy útiles estas ofertas, ya que es difícil encontrar comida en estos pueblos, normalmente sólo hay algunos puestos de comida callejera y alguna ventita, que además recogen muy pronto.
 
A la mañana siguiente decidimos  marchar caminando hasta la aldea de Sigchos, coincidiendo también con el mercado semanal.
Preguntamos a varios paisanos por el camino a seguir ya que no está señalizado y salimos temprano.
 
El camino resulta ser bastante más largo de lo que nos habían informado (nos dijeron 2 horas y resultaron ser 4), pero es una buena caminata, y el paisaje es muy bonito.
Las aldeas de esta zona están rodeadas de verdes colinas parcheadas de zonas de cultivo. Como una enorme colcha de patchwork removida. Las huertas están dispuestas en las mismas laderas, parece imposible que nadie pueda trabajar una tierra tan difícil. Muy fértil, eso es cierto ¡pero de suelos verticales!
Durante todo el camino nos acompañaron dos perros de los que Cesar intentó deshacerse sin conseguirlo. Vaya parejita, ninguno de los dos nos defendió de los perros que nos asaltaron durante la ruta (uno pequeño con el que nos encontramos se puso chungo en serio y casi nos muerde) tampoco nos guiaron, aunque luego supimos que conocían bien el camino, y además iban asustando a las gallinas de las casas por las que pasábamos, así que los lugareños nos miraban con cara de mosqueo.
 
Por fin llegamos a Sigchos, una aldea aún más pequeña si cabe y aún más aislada. El mercado era enano, y tampoco encontramos ningún alojamiento, así que paramos a comer y descansar y preguntamos cómo continuar hasta Isinliví, que resultó estar más cerca de lo que imaginábamos.
Una hora y algunas vueltas después llegábamos a Isinliví, que tampoco tiene nada para ver salvo un espléndido paisaje de montañas y colinas que rodea el pueblo.
 
Encontramos un alojamiento estupendo, de los mejores del viaje, se llama “Hostal Taita Cristóbal” y lo lleva la señora Hilda, que tiene una pequeña tiendecita y que además es concejala de menores y familia en su municipio por el partido de Correa.
La cena y el desayuno, absolutamente deliciosos y, con diferencia, de lo más sabroso y abundante que hemos probado en todo Ecuador, estaban incluidos en el precio.
La señora Hilda es atenta, es cariñosa y tiene buena conversación, por lo que no podíamos pedir más. Isinliví se convierte en nuestro lugar favorito de todo el Quilotoa loop.
 
A todo esto, uno de los perros que salieron con nosotros de Chugchilán seguía con nosotros. El pobre estaba muy flaquito y había caminado tanto como nosotros así que le compramos algo para comer. Lo devoró en un segundo.
Era un perro de presa atigrado, callejero, mezclado, muy majo. Durmió toda la noche en nuestra puerta, y a la mañana siguiente se levantó con nosotros y se vino a esperar la camioneta de la leche junto a nosotros.
Qué pena despedirnos de él… durante los primeros metros, hasta que salimos del pueblo, el perrito corrió detrás de nuestra camioneta. No podíamos mirar.
 
Para salir de Isinliví había dos opciones, levantarnos a las 4 de la mañana e irnos en autobús hasta Latacunga o esperar a que pasara la camioneta de la leche, sobre las 8 de la mañana, hacer miles de paradas por el camino, viajar de pie, bajarnos en Saquisilí  varias horas después  y allí coger un bus hasta Latacunga.
Como no nos gusta madrugar nos fuimos en la camioneta, y ¡fue un acierto total!
El viaje es divertidísimo, y no se hace nada largo. Eso sí, hay que llevar ropa de abrigo porque la carreterucha asciende bastante y en las zonas altas hace un frío que pela y mucho viento.
El lechero va parando por las casas del camino recogiendo la leche recién ordeñada que la gente ha dejado preparada en puntos estratégicos de la carretera.
Va llenando unos bidones grandes que lleva en la parte de atrás, donde viajamos nosotros y algunos otros pasajeros, y va apuntando cantidades y personas.
Las vistas son espectaculares, especialmente cuando se comienza a descender porque el gigantesco volcán Cotopaxi queda justo en frente.
Es difícil ver su cumbre, las nubes son muy abundantes y el viento rápido, pero si se está atento, si se le mira fijamente, en algún momento, por unos segundos, la cumbre se despeja, y es posible observar la majestuosa corona rocosa nevada. Impresionante.
 
Llegamos a Saquisilí pocos minutos antes de que saliera el bus hacia Latacunga.
Mientras nos marchábamos cotilleábamos el pueblo que pensábamos visitar al día siguiente. ¿A qué no adivináis por qué?  Pues sí, porque al día siguiente era día de mercado.
El mercado de Saquisilí está dispuesto en varias plazas y en las calles que unen esas plazas. Es un mercado enorme, pero no nos pareció tan bueno como el de Guamote.
 
Durante toda la mañana estuvimos buscando un sitio para tomar un café sin encontrarlo. A pesar de que muchos comercios se llaman “cafetería” e incluso tienen enormes fotos de tazas de café humeantes  en sus fachadas, es mentira, no sirven café, y además la gente se te queda mirando como si no entendiera por qué pides un café en su establecimiento.
Al final de la mañana, cuando ya pensábamos marcharnos, encontramos un sitio pequeño, en obras, donde una chica estaba sentada con una taza delante. – Esta es la mía- pensé. Efectivamente, el único lugar del pueblo donde podías tomarte un café lo llevaba una familia que había vivido en España casi 15 años!
Los dueños nos invitaron al café, luego nos invitaron a unas cervezas, nos enseñaron la casa que se estaban construyendo y nos dieron su dirección de correo electrónico por si volvíamos cuando tuvieran terminada la casa para ofrecernos alojamiento.
 
No me acostumbro, la hospitalidad con los españoles del ecuatoriano que ha vuelto a casa es infinita.
Nos sienten de su familia, aunque hubiéramos vivido en ciudades diferentes, nos sienten parte de su historia. Disfrutan hablando de nuestro país, de su vida allí.
Muchos no encuentran el lugar que dejaron en su marcha. Muchos no vuelven a acostumbrarse a su patria.
Es duro ser un emigrante, y es muy duro regresar.
 
Entonces me acuerdo de toda esa gente que tuvo que marcharse en los años 40 y 50 de nuestro país buscando trabajo, y que no regresaron.
Y me acuerdo también de los miles de españoles que hoy están dejándolo todo, como todas estas familias ecuatorianas, dejando familias, amigos, parejas, hijos, vidas, porque no tienen más remedio que buscar una oportunidad para ser felices fuera.
Me acuerdo por ejemplo de mi hermana, que desde octubre vive en Bélgica, porque a la muy loca se le ocurrió estudiar Ciencias Físicas. Otro cerebro fugado.
Y me enfado, me indigno, me cabreo. Qué cansancio.
 
Desde Latacunga volvemos a Quito, y desde allí, en el mismo día, nos dirigimos a Otavalo.
 
 
Latacunga
 
xP3130999
 
xP3090623zambahue02
 
Zumbahua
 
xP3090731zambahue17 como objeto inteligente-1
 
xP3090750zambahue19
 
xP3090765zambahue20
 
xP3090774zambahue22
 
xP3090786zambahue24
 
xP3090878zambahue29
 
Saquisilí
 
xP3141209
 
xP3141257
 
xP3141445
 
xP3141552
 
xP3141601
 
xP3141326
Powered by Bullraider.com

En ruta 180

Metroesferic

skapamerica square

Los Paddington square