Cuenca

Escrito por Skapamerika. Publicado en Ecuador

8 febrero de 2013
 
En Cuenca (de Ecuador) nos recibe y nos aloja Juanjo, un ex residente de mi padre. Durante los cuatro años que duró su residencia de oftalmología vivió en Lugo (de España), por eso aún conserva un deje gallego muy gracioso.
Juanjo nos trata como reyes, nos agasaja con Riojas y sidras, nos seduce con aceite de oliva virgen, nos cautiva con mejillones en escabeche y sardinillas en aceite. No nos lo podemos creer, la casa de Juanjo se convierte en un oasis español en Latinoamérica, y como suele pasarnos… nos apalancamos ¡No es fácil abandonar un oasis como este!
El pobre Juanjo no pudo deshacerse de nosotros en toda una semana. A nuestro favor tengo que decir que cuando volvía del trabajo tenía ricos guisos españoles esperándole para cenar.
La verdad es que se portó fenomenal.
 
Mientras trabajaba, aprovechábamos para visitar la ciudad, que resultó ser una de las ciudades más bonita con las que nos hemos encontrado en Sudamérica.
Tiene un casco antiguo colonial bastante grande y muy bien conservado. Realmente daba la sensación de pasear por una ciudad castellana.
Además la actual Cuenca fue la ciudad inca de Tomebamba, lugar de nacimiento del último inca, Atahuallpa. Apenas quedan ruinas de la ciudad, y es una pena porque debió ser una ciudad importante, la más importante del territorio norte del imperio inca.
 
Juanjo nos contó que sus compañeros españoles le peguntaban con extrañeza por qué prefería regresar a Ecuador estando ya en España… los españoles a veces en nuestro desconocimiento somos un poco panolis. Este chico tiene a su familia y amigos en Cuenca, aquí tiene trabajo en un hospital público donde está muy bien considerado por haber terminado sus estudios en Europa, comparte con su padre una consulta por las tardes. Vive solo en un piso genial cerca del centro de una de las ciudades más bonitas de Sudamérica, con ambiente por la noche, con oferta cultural… en fin, en Ecuador este chico tiene UNA VIDA, y lo que es más importante ¡TIENE TRABAJO! Lo que hoy es un precioso lujo para muchos españoles.
También es cierto que la familia de Juanjo no es la familia media en Ecuador, es afortunado, pero lo que está claro es que una persona con la misma fortuna que él, hoy, en España, se come los mocos.
 
Desde Cuenca visitamos el Parque Nacional de las Cajas, y algunos pueblos de los alrededores. Otro día los padres de Juanjo nos invitaron a almorzar un delicioso ceviche ecuatoriano, muy distinto al peruano. En el ceviche ecuatoriano el pescado, marisco o camarones se cuecen un poco, es decir, no se sirven crudos como en Perú. También se sirven en una especie de caldito, muy suave, con un poco de limón pero nada ácido comparado con el peruano. Y eso sí, se sirve frío. Está riquísimo.
 
El último día fuimos a visitar Ingapirca, las ruinas incas mejor conservadas de Ecuador, y los pueblos de El Cañar y El Tambo, pequeños pueblos del altiplano, pintorescos y domésticos.
Lo mejor de la visita, sin ninguna duda, fue visitar los baños incas ¡¡porque se encuentran justo debajo de la antigua casa del abuelo de Juanjo!!
Las tierras donde se encontraban las ruinas de los baños incas pertenecían a su abuelo materno, que construyó su casa junto a ellas hace muchísimos años. Después el gobierno de Ecuador se las quitó por considerarlas de interés histórico y cultural, y también perdió la casa, que hoy se ha convertido en las instalaciones del yacimiento. En la antigua cocina, en los dormitorios, hay exposiciones.
Fue un puntazo estar con él, ya que era la primera vez que volvía en 20 años, cuando iba reconociendo las habitaciones, las puertas, las ventanas ¡la zona de las ruinas donde jugaba con sus primos! Fue una visita genial.
 
También visitamos la antigua casa de un tío suyo que, después de morir, fue comprada por el alcalde de El Tambo. Ahora están construyendo un gran hotel, tipo los Paradores españoles, que aún está sin terminar. Durante un rato pudimos cotillear todas las habitaciones mientras Juanjo seguía reconociendo lo que habían sido en su infancia.
 
Cenamos juntos en El Tambo y nos despedimos. Cesar y yo nos quedamos allí para seguir nuestro camino al día siguiente, y Juanjo regresa a Cuenca.
Nunca podremos agradecerle lo suficiente su hospitalidad y su amistad durante esos días.
 
¡Juanjo! Ya sé que lo sabes y que probablemente no te leas la crónica porque a ti lo que te gustan son las fotos, jejeje, pero te lo escribo igual, gracias, de corazón!
Y avísanos cuando recibas el jamón, que a lo mejor nos pensamos volver unos días a Cuenca… jajaja
 
Fotos de El Cañar
 
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