Entramos a Ecuador. Loja y Vilcabamba.

Escrito por Skapamerika. Publicado en Ecuador

25 enero 2013
 
Cada vez que cruzo una frontera me sorprendo de cómo una simple marca en la tierra puede hacer que todo cambie. Que cambie la lengua, la moneda, el paisaje, la cultura, los rasgos, la gente… Entrar en un país nuevo es como empezar un libro. Los primeros días siempre son de adaptación a la narrativa del lugar y de sus habitantes.
 
Nuestra primera parada fue en Loja (antiguamente Loja de España) donde encontramos algunos problemillas por no tener dólares cambiados.
Desde el año 2000 aproximadamente, durante la crisis económica que sufrió el país que devaluó hasta la nada la antigua moneda nacional, el sucre, la moneda de Ecuador es el dólar norteamericano.
Como os decía, después de superar algunos obstáculos monetarios y de ser abandonados por un taxista imbécil en medio de cualquier calle entre la terminal de autobuses y el centro de la ciudad, encontramos un alojamiento bastante razonable.
 
Loja es una ciudad pequeña, con un bonito centro colonial. Y nada más.
Pero es un buen punto de inicio a la realidad ecuatoriana porque es completamente distinta a cualquier ciudad de Perú, y por lo tanto a lo que nosotros esperábamos encontrar en Ecuador.
La ciudad es tranquilísima, sin molestos mototaxis haciendo sonar el claxon. Está considerablemente limpia, ordenada, la gente es amable y fácil de tratar… ¡y a los españoles nos adoran! A pesar de habernos aprovechado de su condición de “sin papeles”, de haberles malcontratado, de haberles hecho culpables del aumento de la delincuencia y de exprimir nuestro sistema sanitario… ellos nos tienen cariño. En cuanto descubren nuestra procedencia solo hay sonrisas y buenas palabras, y muchas historias que quieren compartir.
 
Desde Loja viajamos hacia el sur, a la población de Vilcabamba, que tiene la curiosidad de ser el lugar de Ecuador donde la gente es más longeva.
Por lo visto, las condiciones climáticas del lugar son tan buenas que sus gentes superan con facilidad los 100 años, incluso siendo agricultores y habiendo tenido una larga vida de trabajo físico.
La verdad es que la zona es preciosa y el clima estupendo, pero al igual que nuestras islas canarias ¡está llena de gringos! ¡Gringos por todas partes! Viejos y jóvenes, todos un poco hippies, ecológicos, crudívoros, músicos, bohemios y PREDECIBLES.
Algunos están de paso, otros se compran un terreno y construyen su vida en Vilcabamba, y otros se compran muchos terrenos, construyen una urbanización solo apta para gringos y viven aislados, sin aprender el idioma, haciendo saltar por los aires la hasta hace poco apacible economía del lugar, pero eso sí, aprovechándose de sus beneficios naturales y viviendo muchos y largos años.
Vamos, lo que decía... como en Canarias.
 
Duramos poco en Vilcabamba, después de un par de noches regresamos a Loja y allí cogimos un bus en dirección a Saraguro, un pueblo que se encuentra hacia el norte. Pero no pudo ser.
La carretera estaba bloqueada por derrumbamientos a causa de las lluvias torrenciales de los días anteriores.
Después de 5 horas de “viaje” (cuando necesitábamos solo 2 para llegar a Saraguro) y de hacernos cambiar de autobús varias veces sin ningún sentido, nos llevan de vuelta a la terminal de buses de Loja.
Allí tratamos de cambiar nuestro billete de hoy, invalidado a nuestro criterio ya que habíamos pagado por llegar a Saraguro y no habíamos llegamos, por otro billete para mañana.
Primero nos dijeron en la taquilla de la compañía que no podían cambiarlo y tampoco devolverlo porque el dinero lo tenía el conductor. Insistimos mucho rato y llamaron por teléfono al conductor, me lo pasaron, y me dijo que no era culpa suya que hubiera un derrumbe y que él tenía que pagar la gasolina y que además ¡nos había traído de vuelta gratis! Que bien podía habernos dejado allí tirados en medio de la nada y lloviendo a cántaros.
Cuando quise poner una reclamación la señorita de la compañía me dijo que tenía que irme a una oficina al Ayuntamiento, en el centro de Loja, pero que ya mañana porque ahora estaría cerrada…
Creo que esta fue la primera vez en todo el viaje que he perdido los papeles. Me salió la vena goda y me puse a gritar. La gente flipaba. Todos menos otro pobre ecuatoriano que también había venido a reclamar con nosotros, pero claro, este chico había vivido 14 años en España… y ya es uno de los nuestros.
 
Total, que al final no recuperamos el dinero ni pudimos cambiarlo por otro billete. Tuvimos que comprar un billete nuevo, pero en otra compañía, por supuesto.
Al fin y cabo... parecía que no, pero sí, seguimos en Sudamérica.
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