La herida

Escrito por Luis perronegro. Publicado en Relatos

No quería chinarme, no quería volver a abrir mis venas, ni tatuarme horizontalmente mis brazos ya agotados por el fulgor de las agujas.

No quería chinarme pero la sangre hacía desvanecer mi angustia. Me sentía como si me balancearan en una procesión y me crucificaran en un mástil de hierro para no dejarme respirar.

Aquella noche, en la enfermería del centro, mientras vivía los últimos días de una vida perra más a la sombra que en la calle, más odiada que amada, decidí rajarme en silencio, ajustar las cuentas al tiempo.

Y mi sangre empapo primero mi ropa y luego el suelo, hasta convertirse en agua que fue manando para llegar a ser mar.

Y por fin descanse en un horizonte siempre presto, azul y soñoliento.

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